Las 5 razones por las que nos cuesta tanto decir no

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Resulta muy común encontrarnos en una situación incómoda y no poder recordar cómo fue que todo empezó. Si te remontar bien atrás, al origen mismo de la cuestión, te percatarás de que todo comenzó cuando un día alguien te pidió algo que te desagradaba, pero por alguna razón que aún no logras identificar, tu reacción fue decir que sí.
Hoy indagaremos en esos terrenos de la mente que sabotean nuestro propio bienestar y nos hacen aceptar situaciones que incluso van en contra de nuestros principios.

Estamos programados para decir sí
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El "no" es una de las palabras más antipáticas que existen. Es probable que arrastremos un cierto resentimiento de la infancia a raíz de haberla recibido muy a menudo. Esto nos lleva a rechazar el sólo hecho de pronunciarla. Por eso es que muchas veces, de forma automática e inconsciente, directamente la salteamos en nuestra mente y vamos como kamikazes hacia el "sí".

Temor al rechazo

En una sociedad que cada vez tiene más excusas para rechazarnos, no podemos permitirnos el lujo de que nos aparten por el hecho de decir que no. Es entonces que, en busca de ser aceptados por las personas que queremos o por aquellas a las que pretendemos agradar, terminemos diciendo que sí a situaciones que nos perjudican.

Evitar enfrentamientos

El no es un monosílabo que no es tan inofensivo como parece, sino que nos expone a enfrentamientos generacionales con nuestros hijos, a discusiones con nuestras parejas y a perder una amistad. Cada vez nos mostramos menos tolerantes ante una negativa y preferimos perder el vínculo con la persona que se ha atrevido a negarnos algo, antes que enfrentar la realidad de que nuestros deseos no son órdenes. Esta situación nos lleva a temer un conflicto y terminar diciendo que sí.

Sobrevaloración del otro

Otro proceso equivocado de nuestra mente es darle al otro más valor que el que tiene. Todos somos valiosos y nosotros también. No hay nadie que valga más que nuestro propio bienestar. Por lo tanto, si terminar haciendo algo que nos hace mal es el precio que debemos pagar para no perder a alguien, tal vez debamos pensarlo dos veces, recapacitar y darnos cuenta que estamos ante una persona que es mejor perder que encontrar.

Miedo a perder oportunidades

Esta motivación negativa se da mucho en el ambiente laboral, en dónde tememos perder la oportunidad de ser ascendidos o incluso creemos que pueden llegar a despedirnos si nos negamos a trabajar extra o a hacer el trabajo de los favoritos del jefe. Sin embargo, estos no son más que fantasmas que hemos dejado entrar en nuestra mente y nuestros superiores son los principales responsables de dicho miedo. Constantemente nos presionan con el moderno concepto de "el empleado del mes" y el ya conocido adagio de que "nadie es imprescindible". Sea en el trabajo o en casa, no podemos dejar que las necesidades de los demás se antepongan a las nuestras y nos quiten el disfrute del cada vez más escaso tiempo libre que las sociedades modernas nos dejan. Pensamos en nosotros mismos y digamos "no".

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