
La cultura de leerle un cuento de hadas a nuestros hijos antes de que se duerman no ha logrado perder del todo su vigencia, a pesar del avance de la tecnología. Sin embargo es importante recordar las bases teóricas sobre las cuales debemos basar esta amorosa práctica para con nuestros niños.
Corría el año 1977 cuando el mundo conocía la magistral novela del psicoanalista y psicólogo austríaco, Bruno Bettelheim. A través de esta novela pedagógica, muchos padres y maestros llegaron a entender las razones de la repetición de ciertos personajes recurrentes. Al mismo tiempo, también finalmente se llegó a comprender por qué los niños demandan que se les cuente el mismo cuento una y otra vez.

Todos hemos escuchado con fascinación los cuentos de hadas, pero nunca dejamos de sentir el terror y el odio incontenible hacia la madrastra malvada. Pero, ¿quién es este personaje que no deja de aparecer delante del espejo, en la cocina y hasta en la alcoba de la hermosa e inocente doncella?
Hay malas noticias para las madres, porque la madrastra cruel que sólo piensa en asesinar, no es otra persona que la dulce mamá en la vida del niño.
La madrastra viene a cumplir un rol fundamental en la vida del niño al que se le lee el cuento de hadas. Esto se debe a que representa esa parte "mala" que todo niño o niña odia de su madre. Para los pequeños, sus madres están divididas en dos. Por un lado tienen a la madre tierna que los mima, los arropa y les habla dulcemente, mientras que por el otro está la malvada que los rezonga y les obliga a comer, a bañarse y a hacer cosas que no les gusta.
Por ende, al hacerse presente la madrastra mala en los cuentos, los niños se sienten libres de odiar a la parte mala de su madre, lo cual hacen odiando a la madrastra del cuento. Esto les permite odiar a la parte mala, sin que ello afecte su amor por la parte buena.

Los padres que le leen cuentos de hadas a sus niños, probablemente no puedan esperar a terminar el que están leyéndole, para pasar al siguiente. Es más, cuando sus hijos les piden que les lean un cuento en particular nuevamente, tal vez hasta lo consideren una pérdida de tiempo. No obstante, esto es un grave error.
El niño necesita la repetición del cuento una y otra vez para que el mismo sea significativo para él o ella. Pasar sin pausa al siguiente hace que haberle leído el anterior sea, efectivamente, una pérdida de tiempo.
Los niños tienen la posibilidad de resolver ciertos problemas de su existencia a través de los cuentos de hadas. Por eso es que es absolutamente vital leérselos y volver sobre los mismos las veces que ellos nos lo pida, ya que sólo así le harán el efecto para el cual fueron creados.
"Lo importante debe ser expuesto al público en general con cada detalle" Bulovo